Italia: Lampedusa misión de acogida a migrantes
Italia: Lampedusa
misión de acogida a migrantes
Los testimonios
de cuatro religiosas de una comunidad intercongregacional describen una
presencia cotidiana junto a los migrantes y a la población de la isla
siciliana. Sus historias forman parte de la serie de videos "Hermanas y
Hermanos Todos", promovida por el Dicasterio para los Institutos de Vida
Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.
Una fraternidad
que no nace de una idea abstracta, sino que toma forma cada vez que se elige
compartir la vida de los demás, sobre todo allí donde la dignidad de la persona
está más expuesta a la prueba. La ponen en práctica, cada día, las religiosas
de una pequeña comunidad intercongregacional de la Unión Internacional de
Superioras Generales que viven de manera estable en Lampedusa, desde hace años
uno de los principales puntos de llegada de las rutas del Mediterráneo para
quienes huyen de guerras, violencia y pobreza.
Por la dignidad
de todos:
Pertenecientes a
tres congregaciones diferentes, las cuatro religiosas viven la misión de
acompañar a los migrantes y, al mismo tiempo, sostener a la comunidad local,
dando cuerpo a la invitación lanzada por León XIV durante su reciente visita
del 4 de julio a la isla siciliana, a velar «por el respeto de la dignidad de
toda persona», tarea primordial «de las instituciones públicas, pero también de
toda la sociedad civil y de la Iglesia».
Puente entre las
personas:
«Tratamos de
vivir el testimonio de la unidad, de ser un puente entre la gente y los
migrantes, una comunidad responsable y autónoma que se hace cargo de las
personas según la misión de toda religiosa: rezar, vivir juntas y ayudar al
prójimo», explica la hermana Antonietta Papa, de las Hijas de María Misioneras
y responsable del proyecto Migrantes Sicilia-Lampedusa, nacido tras la visita
del papa Francisco en 2013 y del énfasis puesto en la necesidad de una
presencia estable de la vida consagrada en este lugar de frontera.
Felices en la
acogida:
«Nuestra
prioridad es el muelle», añade Rufina Pinto, religiosa de las Hermanas de la
Caridad de la Santa Cruz de Ingenbohl, haciendo referencia al muelle Favaloro,
hoy dedicado al papa Bergoglio: «Las personas están asustadas, vienen de
lugares difíciles del mundo, llegan aquí empapadas, un poco enfermas. Ver todo
esto no es fácil. Las acogemos como seres humanos. Durante el día, cuando
tenemos tiempo, visitamos a las familias y llevamos la Comunión. Estamos
felices de estar aquí porque aquí hay acogida».
Con el corazón y
las manos abiertas:
La hermana Angela
Cimino, de las Maestras de Santa Dorotea, llegó hace seis meses a la mayor de
las islas Pelagias y habla de una experiencia «hermosa y fuerte», especialmente
por el «calor humano que tratamos de transmitir y hacer sentir de muchas maneras.
Estamos en condiciones de tocar la carne de Cristo». Lo importante, subraya,
«es estar presentes, con el corazón abierto y las manos abiertas. Por eso nunca
nos echamos atrás a la hora de dar una caricia, la caricia de Dios».
El deseo de
encontrarse con Dios:
Un gesto que
tiene un carácter de emergencia, al socorrer a quienes llevan en el cuerpo y en
la memoria las heridas de la violencia, las torturas y el viaje, pero que
también posee una dimensión permanente: «Estamos comprometidas en el servicio
de la parroquia y del centro de escucha de Cáritas», señala Danila Marta
Antonovic, religiosa de las Hermanas de la Caridad de la Santa Cruz, «para
responder a las necesidades de las personas más pobres. Escuchamos a quienes
viven dificultades materiales y espirituales y visitamos a los ancianos, a los
enfermos y a quienes están solos. Sentimos que nuestra presencia hace nacer el
deseo de encontrarse con Dios: las personas necesitan hablar, expresarse,
encontrarse, tener una relación con alguien que las escuche». Así nacen
vínculos, relaciones y amistades: «Sucede que también nos invitan a comer y
vamos con gusto», confiesa la religiosa, porque «es precisamente allí donde se
percibe esta unidad entre nosotras y los deseos y necesidades de las personas.
Y se vuelve cada vez más claro cuál es nuestra misión y cómo podemos llevarla a
cabo».
En las periferias
humanas:
Las experiencias
de las cuatro religiosas, recogidas y difundidas por el Dicasterio para los
Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, forman parte
de "Hermanas y Hermanos Todos", una serie de videotesimonios de
personas que han elegido habitar las periferias humanas y reconocer, en el
rostro de cada persona, el rostro de Cristo. El hilo conductor es la
fraternidad, expresada en sus múltiples formas y arraigada en muchos lugares,
desde una pequeña isla siciliana hasta el resto del mundo.
La fraternidad en
el mundo:
Desde el Líbano,
donde el Fratelli Project, promovido por los Hermanos de las Escuelas
Cristianas y los Hermanos Maristas, acompaña a pequeños refugiados sirios e
iraquíes junto con niños libaneses en situación de vulnerabilidad; hasta Sudán
del Sur, sede de la misión intercongregacional Solidarity with South Sudan, que
invierte en la formación de maestros, enfermeros y parteras, en la agricultura
sostenible y en programas de acompañamiento a las comunidades.
Pasando por
Gabón, donde la hermana Marie-Sidonie, de la Congregación de la Inmaculada
Concepción de Castres, contribuye a la reconciliación mediante el proyecto
Diálogo Nacional 2024, iniciado tras décadas de dictadura; y Australia, «hogar»
de la hermana Philippa Murphy, de las Hijas de Nuestra Señora del Sagrado
Corazón, que vive junto al pueblo indígena Tiwi.
Se es hermanos y
hermanas también, y especialmente, bajo las bombas: en Ucrania, religiosas y
religiosos han abierto monasterios y casas para acoger a las familias que
huyen, ofreciendo asistencia humanitaria, apoyo educativo y acompañamiento
espiritual.
Después de
profundizar en el tema de la fraternidad, el Dicasterio propondrá, dentro del
mismo proyecto, en los próximos meses, contenidos centrados en el cuidado de la
creación y en la escucha del clamor de los pobres.

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